“El aire que respiramos es un compuesto de oxígeno, nitrógeno y publicidad”

– Robert Guerín

 

Vivimos en un mundo rodeado de publicidad. Llegamos a visualizar en un día alrededor de 3000 reclamos publicitarios, sin embargo, ¿somos conscientes de haberlos visto?

Nos hemos acostumbrado a los anuncios, y por ello los ignoramos. Cada vez más, la publicidad busca nuevos espacios para ser exhibida y adopta nuevas estrategias, más agresivas, pero, ¿cómo lo hace? A costa de nuestros espacios públicos.

Paradójicamente, apenas mostramos resistencia a la privatización de estos espacios en favor de grandes empresas, mientras que, en internet, usamos plugins como AdBlock (cuya línea de código, responsable de la supresión de la publicidad de nuestro navegador da título al proyecto –con una pequeña modificación: el lugar de actuación ahora hace referencia a los espacios públicos-) porque consideramos una invasión a nuestra privacidad el asalto continuo de banners.

Necesitamos volver a poner la vista en aquellos reclamos que tanto esfuerzo hemos hecho por ignorar, para, de esta forma, poder hacer una revisión de nuestra convivencia con la publicidad tanto a nivel individual, como a nivel social. Para abordar el tema propongo, a través de imágenes, la utilización de un “filtro anti-publicidad”, eliminando mediante el uso de la edición digital los anuncios de nuestra vista.

De esta forma, el resultado final es una propuesta en la que el mobiliario urbano se hace más presente que nunca, pues, una vez desprovisto de su función original, cobra un protagonismo antes difluido por sus contenidos.