En este proyecto hemos tomado como punto de partida los manuales de buena conducta y urbanidad, las buenas maneras, para una vez asimilados tomar distancia, generando una serie de imágenes que llevando a la teatralización situaciones cotidianas nos las aproximan al absurdo. Representamos esa idea furtiva reprimida, ese pensamiento fugaz, ese momento indeciso, esa pequeña locura que enterramos bajo capas y capas de eso que denominamos saber estar.

Conducta, norma, conciencia, autorepresión, saber estar, educación, la buena educación.

Al fin y al cabo participar de este conocimiento, de como lo aplicamos en nuestro día a día es lo que nos permite interrelacionarnos, actuar en lo social. Nuestro proyecto participa de dicho conocimiento, pero es a través del juego que intentamos sobrepasar una de esas barreras que Foucault asigna a la locura.

Los chicos y chicas que participan en el proyecto son conscientes del juego, del humor, participan del absurdo mostrándonos una dimensión humorística no contemplada en su condición de discapacitados.

Si somos capaces de posibilitar, de hacer visible esa dimensión “normal” de la persona con discapacidad quizá estemos dándoles agencia. Quizá este juego, nos lleve en una intima reflexión a distinguir acerca de lo que es correcto y lo que no, lo que esta permitido y lo que no, quien esta permitido y quien no.